Diferencias entre Asperger, autismo y “alto funcionamiento”.

Las diferencias en la adquisición del lenguaje y el cociente intelectual son fundamentales para distinguir el trastorno de Asperger de otros trastornos del espectro autista. Para el diagnóstico del trastorno de Asperger, es crucial que la persona no presente retraso en la adquisición del lenguaje. Tiene que tener también un cociente intelectual dentro de los límites normales. Según el Instituto de Investigación de Enfermedades Raras – Instituto de Salud Carlos III, estos criterios son fundamentales para diferenciar el Asperger de otros trastornos del espectro autista (TEA).

Abordando la Confusión en el Diagnóstico

Algunos expertos discrepan sobre la necesidad de que no haya retraso total en el lenguaje para diagnosticar el Asperger, ya que algunos individuos con este trastorno podrían haber experimentado cierto retraso en el habla durante su infancia.

Los sistemas de clasificación actuales pueden simplificar en exceso el desarrollo del lenguaje, lo que no refleja adecuadamente la complejidad de posibles retrasos en la comunicación en personas con Asperger. Sin embargo, estas discrepancias subrayan la necesidad de un enfoque más individualizado en el diagnóstico.

Perspectivas en Evolución

La comprensión del trastorno de Asperger y su diagnóstico sigue evolucionando con la investigación y la experiencia clínica. A medida que se acumulan nuevos conocimientos, es esencial revisar y ajustar los criterios diagnósticos para mejorar la identificación precisa y oportuna de este trastorno.

Los avances en la investigación han llevado a una mejor comprensión de las características del Asperger y sus diferencias con otros trastornos del espectro autista. Este progreso permite desarrollar criterios diagnósticos más específicos y sensibles, mejorando así la detección temprana y el manejo clínico de las personas afectadas.

La actualización constante de los criterios diagnósticos también ayuda a reducir la confusión y la variabilidad en el diagnóstico, lo que a su vez garantiza una atención más coherente y eficaz para quienes viven con este trastorno.

Cuestionamientos sobre el Retraso en el Lenguaje.

Algunos expertos discrepan sobre la necesidad de que no haya retraso total en el lenguaje para diagnosticar el Asperger, ya que algunos individuos con este trastorno podrían haber experimentado cierto retraso en el habla durante su infancia. Los sistemas de clasificación actuales pueden simplificar en exceso el desarrollo del lenguaje. Esto no refleja adecuadamente la complejidad de posibles retrasos en la comunicación en personas con Asperger.

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La discrepancia en torno a la ausencia total de retraso en el lenguaje para el diagnóstico de Asperger refleja diferentes perspectivas entre los expertos en el campo. Los sistemas de clasificación, al centrarse en hitos específicos del desarrollo del lenguaje, pueden pasar por alto las variaciones individuales y la complejidad de posibles retrasos en la comunicación.

La Etiqueta de “Alto Nivel de Funcionamiento”.

El término “alto nivel de funcionamiento” no cuenta con una definición clara y unificada en los manuales clasificatorios, lo que dificulta su uso adecuado y preciso. Su interpretación varía entre expertos y se desaconseja su aplicación hasta que se establezca una definición válida y útil para el diagnóstico de trastornos del espectro autista.

Vulnerabilidades Asociadas al Autismo.

Las personas con TEA tienen una mayor vulnerabilidad a otras enfermedades y trastornos del desarrollo, emocionales o del comportamiento, debido a la complejidad de su condición y la falta de adaptación del entorno a sus necesidades.

Orígenes de la Vulnerabilidad.

La vulnerabilidad en las personas con TEA surge de la mayor prevalencia de enfermedades neurológicas como la epilepsia y la dificultad para adaptarse a entornos no adecuados. Esto puede desencadenar una serie de problemas adicionales, incluyendo ansiedad, depresión, conductas violentas y trastornos del sueño, entre otros.

Esta asociación con enfermedades neurológicas puede ser un factor de riesgo significativo para la salud mental y el bienestar general de las personas con TEA. Además, la dificultad para adaptarse a entornos que no están adaptados a sus necesidades específicas también contribuye a su vulnerabilidad.

Bibliografía.

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