Funcional o no. Esa es la cuestión.

Las nuevas clasificaciones de trastornos y enfermedades incorporan la valoración sobre si una persona es funcional o no. Esta medida no siempre refleja la realidad de manera objetiva. La funcionalidad varía según el entorno de cada individuo, lo que plantea interrogantes sobre su validez como indicador absoluto.

Es fundamental comprender que la funcionalidad no debería ser el criterio determinante del valor de una persona. La necesidad de mayor asistencia externa no disminuye la valía individual. Sin embargo, surge la pregunta: ¿por qué no celebramos la autonomía funcional? ¿Por qué no elogiamos la capacidad de valerse por sí mismo?

La expresión “menos funcional” puede generar controversia, especialmente al aplicarla al autismo. En esta perspectiva, alguien con autismo podría ser etiquetado como menos funcional si depende más de otros, y más funcional si requiere menos asistencia. ¿Realmente existe un problema en reconocer esta variabilidad de experiencias?

Diferenciar niveles de autismo basados en la funcionalidad plantea desafíos significativos. La capacidad de cambio en la funcionalidad al alterar el entorno desafía la noción de categorizar a las personas con autismo en niveles estáticos. Es crucial cuestionar estas clasificaciones, reconociendo la complejidad de la funcionalidad en el autismo y abriendo el diálogo hacia enfoques más flexibles y comprensivos.

Originally posted 2023-05-06 19:04:34.

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