El papel de la genética en el síndrome de Tourette.

El Síndrome de Tourette (ST) es un trastorno neurológico que ha sido objeto de numerosos estudios genéticos, revelando su carácter hereditario y la variabilidad en la expresión de sus síntomas entre miembros de una misma familia. Se estima que una persona con este síndrome tiene un 10% de probabilidad de transmitir los genes asociados a la condición, aunque no todos los portadores desarrollan los síntomas característicos.

En este complejo panorama genético, el sexo juega un papel determinante en la manifestación del Síndrome de Tourette, siendo el riesgo de desarrollar síntomas de 3 a 4 veces mayor en los varones que en las mujeres. Sin embargo, la mayoría de los portadores de los genes asociados al ST no experimentan síntomas lo suficientemente graves como para requerir tratamiento médico. Aun así, existen casos esporádicos cuya causa no puede ser atribuida a la herencia genética.

Anteriormente considerado un síndrome raro y estigmatizado por la coprolalia, hoy en día se reconoce que solo una minoría de los afectados presentan este síntoma. La mayoría de los casos son leves y, con el tiempo, la severidad de los tics tiende a disminuir, especialmente durante la adolescencia. Sin embargo, la detección y diagnóstico precoces siguen siendo fundamentales, ya que los síntomas suelen manifestarse antes de los 18 años.

Aunque la causa exacta del ST sigue siendo desconocida, las investigaciones actuales sugieren anormalidades en regiones específicas del cerebro y desequilibrios en los neurotransmisores clave, como la dopamina y la serotonina. Esta compleja interacción entre factores genéticos y neurobiológicos subraya la necesidad de una comprensión más profunda y una mayor conciencia pública sobre el síndrome.

Te puede interesar  Discalculia. Es posible mantenerla bajo control.
error: Contenido protegido