Centros segregados no son necesarios para el autismo.

En la actualidad, los centros de educación segregados parecen ser una opción común para personas con trastornos del espectro autista (TEA). Sin embargo, es fundamental desmentir esta creencia arraigada y reconocer que la inclusión social es un derecho que debe prevalecer en nuestras sociedades, tanto por mandato normativo europeo como por principios éticos fundamentales.

Es hora de desterrar la falacia de que las personas con TEA solo pueden desarrollarse en entornos segregados. La inclusión social no solo es un derecho humano básico, sino que también es clave para mejorar la calidad de vida de quienes viven con TEA. Con el apoyo adecuado, estas personas pueden integrarse en entornos ordinarios y disfrutar de una vida social plena y normalizada.

Es necesario un cambio urgente en nuestro sistema educativo para garantizar este derecho. El actual sistema no facilita la inclusión, y es imperativo exigir transformaciones que atiendan las necesidades individuales de cada estudiante con diversidad funcional. Es un proceso que debe ser gradual, pero constante, hasta lograr que todos los niños y niñas, sin importar su condición, se sientan bienvenidos y apoyados en la escuela y en cualquier otro entorno.

La Administración tiene un papel crucial en este proceso. Debe proporcionar los recursos necesarios, desde ajustes en el entorno hasta apoyos personales, para garantizar una vida digna, evolución y aprendizaje óptimo para las personas en el espectro autista, sin importar su edad.

Es hora de romper barreras y construir un mundo más inclusivo para todos. La eliminación de los centros de educación segregados es un paso fundamental hacia ese objetivo.

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