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Hacer o mantener amistas en los adolescentes con cualquier grado de autismo es una dificultad seria. Tanto en chicos como en chicas.

La adolescencia es el momento en el que las personas experimentan un mayor deseo de relación y la necesidad de formar parte de un grupo. Hacer o mantener amistas en los adolescentes con cualquier grado de autismo es una dificultad seria. Tanto en chicos como en chicas.

Es en esta etapa en la que suele desarrollarse el interés por el aspecto y apariencia, en la que se definen los gustos musicales, la personalidad de cada uno. 


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Adolescentes en el espectro.

Algunos adolescentes en el espectro autista pueden sentir la carencia de amistades como algo difícil de afrontar, ya que intentan con esfuerzo y a su modo hacer amigos, pero encuentran dificultad para conservarlos. En general, parece que la vida social de los adolescentes con TEA depende intensamente de sus familias. Habitualmente presentan una menor participación en la comunidad que sus iguales, tienen pocos momentos de ocio, pocas relaciones sociales fuera del colegio y menor relación con el sexo opuesto (D’ Eath, Walls, Hodgins y Cronin, 2009).

Los adolescentes con síndrome de Asperger, especialmente las chicas, suelen sentirse rechazadas y desplazadas porque su estilo, su forma de pensar y desenvolverse y sus intereses no tienen nada que ver con aquello que se espera de una persona de su edad. Para ellas también es difícil hacer amistades.

Sentirse solos o excluidos a los adolescentes les causa angustia, ya que éste es un período en el cual los individuos toman una nueva dirección en su desarrollo, alcanzando además su madurez sexual.

Muchos desean tener amigos y encajar en su entorno, mantener amistades, hacerlas, si no las tienen ya, y se sienten frustrados cuando se topan con dificultades. Y es que su problema no está en la falta de interacción sino en la falta de eficacia en esas interacciones, debido a que fracasan al hacer conexiones sociales aunque muestren interés en hacerlas.

Entre las manifestaciones más evidentes del déficit social suelen destacar la evitación de la mirada, el fracaso en responder a las peticiones de los demás, la no participación en actividades de grupo, la aparente indiferencia al afecto (insistimos en que es una apariencia) o la falta de empatía social o emocional.


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De todos modos éste no es siempre el caso: muchos tienen amigos que actúan como «compinches» por largos períodos de tiempo pero es mayoritario el caso del aislamiento social. 

Muchas personas en el espectro autista sufren acoso escolar, abusos y desprecio durante su infancia. El trauma que eso genera dificulta el establecimiento de relaciones durante la adolescencia o la edad adulta por lo que las experiencias negativas se suman a la dificultad social intrínseca al espectro autista. 

El grupo confort.

Algunas personas con este diagnóstico, sin embargo, logran establecer un «grupo confort» o conservar unos pocos amigos durante bastante tiempo. Se apoyan en ellos para seguir socializando y conociendo a más personas con las que puede que algún día también establezcan una buena relación. No obstante, la mayoría fracasa en esta labor, debido a su extrema sinceridad (no tienen filtros) o a que, a menudo, no detectan brimas o sarcasmo lo cual produce situaciones tensas y malentendidos. 


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En las personas más afectadas dentro del espectro autista, las que muestran síntomas más severos que los del síndrome de Asperger, la barrera comunicativa es importantísimo salvarla para conseguir una buena evolución. Mediante pictogramas y el lenguaje de signos los educadores tratan de corregir la barreras comunicativas pero, en algunas personas, el aislamiento es severo y no desarrollan ningún tipo de lenguaje que les permita tener la más mínima interacción social. Muchas de estas personas necesitarán acompañamiento o recursos de apoyo para su desarrollo y su adaptación durante la adolescencia y la etapa adulta.

Diferencias según su sexo.

Los adolescentes se apoyan en los recursos psicológicos y sociales que obtuvieron en su crecimiento previo, elaboran su identidad y se plantean un proyecto de vida propio, rompiendo con los lazos de dependencia de los padres o tutores. Se espera de ellos una inserción autónoma en el medio social en esta etapa vital que impone cambios físicos, cognitivos, emocionales y comportamentales. 

Las mujeres.

Enel caso de las mujeres es muy significativo que el desarrollo parezca normal, a veces incluso que los rasgos Asperger pasen desapercibidos, porque (se ha aceptado por la comunidad científica) la mujer con Asperger es una gran actriz, interpreta el papel de neurotípica casi a la perfección y, a menudo, logra camuflarse y pasar desapercibida. De hecho, la niña en edad escolar con síndrome de Asperger no aparenta aislada, no suele estar sola como el niño. Esa niña parece no tener problemas sociales cuando en realidad solo interactúa con un pequeño grupo de menores (el citado grupo confort).  La niña, por lo general, establece amistad con unas pocas niñas o niños que se convierten sin saberlo en su alumno-tutor, su guía social, etc. y estos pocos amigos, que a menudo se conservan en la adolescencia, le abren paso en los grupos sociales ajenos al suyo, las introducen en las conversaciones o las animan a participar en juegos grupales (aunque suelen hacerlo con poca fortuna) con lo que ese rasgo tan específico del síndrome de Asperger que conocemos como “dificultad social” en la niña pasa desapercibido.


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Los hombres.

En el caso de los varones, en los que es raro que no se haya detectado el trastorno durante la infancia, nos encontramos con adolescentes a menudo solitarios, gustosos de pasar horas encerrados en su habitación, cuya vida social se reduce a la interacción en redes sociales (es un espejismo de una vida social real, si lo piensan), con unos temas de interés obsesivos y a menudo poco acordes con los intereses de los otros adolescentes e incluso con poco interés por las cosas que frecuentemente se dan en esta etapa: no parece interesarles salir, ni las fiestas, ni encontrar pareja, ni ampliar su círculo de amistades, ni vestir a la moda…

El caso es que nos encontramos ante un muchacho con escasas habilidades sociales, que cuando se pone a hablar de un tema que le apasiona no sabe parar ni se da cuenta que llega a resultar pesado o molesto con su cháchara; un adolescente poco cuidadoso con su aspecto, que se viste, como decimos vulgarmente, con lo primero que pilla, que no se preocupa por quedar o salir con sus amigos y al que le interesan poco las relaciones amorosas. No siempre es así, claro, pero este perfil se da en una gran mayoría de adolescentes en el espectro autista. 

No hay datos sobre las personas no binarias.


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Ocasional preferencia por la soledad.

Ocasionalmente las personas con Asperger u otros trastornos del espectro autista tienen preferencia por la soledad. Otras veces necesitan del apoyo y la comprensión de los demáspara poder establecer amistades y relaciones sociales enriquecedoras.

En algunos estudios se ha planteado que debido a la propia naturaleza de los TEA y a su influencia en el establecimiento y mantenimiento de relaciones interpersonales y sociales, estas dimensiones (inclusión social y relaciones interpersonales) podrían tener una menor relevancia en la valoración global que estas personas hacen de su calidad de vida (Happé y Charlton, 2012).

Sin embargo, y en contraste con esta premisa, el apoyo social aparece como una dimensión fundamental para la calidad de vida en los escasos estudios realizados hasta el momento que incorporan la opinión y perspectiva de las propias personas con TEA como informantes (Burgess y Gutstein, 2010; Stuart-Hamilton, et al., 2009), así como en aquellos en los que se obtienen medidas indirectas sobre su calidad de vida (Billstedt et al., 2011).

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