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Preguntas y respuestas sobre la depresión.


Cuando una persona sufre una depresión presenta durante la mayor parte del día y durante varios días seguidos síntomas como los siguientes: tristeza, ganas de llorar, pérdida de apetito y pérdida de peso, dificultades para dormir, menos ganas hacer cosas (salir a la calle, hablar con otras personas, e incluso asearse, ducharse, arreglarse o maquillarse), tiende a pasar la mayor parte del día acostada en la cama o el sofá, le cuesta concentrarse, y tiene dificultades para disfrutar con las cosas que normalmente le gusta hacer.

En los casos más graves aparecen las ideas de muerte o de suicidio. Hay personas que en lugar de insomnio tienen exceso de sueño y aumento de apetito en vez de pérdida del mismo. Además, una persona con depresión puede sufrir a la vez síntomas de ansiedad.


Síntomas de la depresión.

Debemos tener en cuenta que un paciente depresivo carece de la voluntad necesaria para llevar a cabo ciertas tareas. Es decir, aunque sea consciente de que debería salir a pasear, es incapaz de hacerlo. No conviene que el paciente se sienta presionado por su entorno, puesto que de esta manera podríamos alimentar el sentimiento de culpa e inutilidad que suele tener el paciente depresivo; si queremos decirle que debe salir a pasear siempre será mejor que lo planteemos amablemente a modo de sugerencia que de una forma autoritaria y a modo de obligación.
Cuando el tratamiento empieza a hacer efecto el paciente suele ir recuperando la iniciativa para hacer pequeñas tareas; en este momento el paciente acepta de mejor grado las sugerencias del entorno y, poco a poco, irá aumentando su receptividad y su grado de implicación en la recuperación.

Si nos hemos deprimido o tenemos ansiedad porque hemos perdido nuestro trabajo y tenemos problemas económicos, o por alguna otra causa de la misma índole, lo más probable es que cuando se resuelvan estos problemas desaparezcan los síntomas. Aún así, algunas personas necesitan apoyo de la medicación hasta que los problemas se resuelven o hasta que consiguen aceptar la nueva situación. En cambio, cuando los síntomas tienen un origen endógeno, es decir, la causa es puramente biológica, es necesario el tratamiento farmacológico porque los síntomas no van a desaparecer sin más.


Cada persona que la sufre la experimenta de manera diferente pero los síntomas más frecuentes serían la desesperanza, el cansancio y la pérdida de interés en las actividades diarias, la irritabilidad y los problemas de sueño. Cuando estos síntomas persisten por largos períodos de tiempo pueden derivar en distimia o trastorno depresivo persistente según el DSM-5.

Cuando un paciente diagnosticado de distimia sufre una recaída, los síntomas se agravan apareciendo lo que llamamos depresión doble y es necesaria la valoración del psiquiatra para ajustar el tratamiento.

Casos graves de depresión.

En determinados casos de depresión, especialmente en los más graves, es frecuente que el paciente exprese ideas de no querer seguir viviendo y, a veces, de quitarse la vida. En estos casos, lo más importante es que un profesional de la psiquiatría valore al paciente lo antes posible para evaluar la gravedad de la situación y cuál es el tratamiento más adecuado para el caso. Los pensamientos suicidas son frecuentes en personas con TEA. Una realidad que hay que poner encima de la mesa para concienciar e investigar más sobre ello.

El paciente con depresión suele considerar que es una carga para los demás, alguien sin remedio ni opciones para avanzar o mejorar. La persona comprueba con perplejidad que su mente no funciona con la agilidad ni precisión de antes, tiene bloqueos, despistes, incapacidad para tomar decisiones o planificar tareas sencillas. Por tanto, la depresión no es una mera expresión intensa de emociones negativas (tristeza, miedo, rabia, congoja, desaliento…) sino un declinar estable de la biología que hace al ser humano sentirse vivo: el tono, la fuerza vital, el humor, el instinto.
Para tratar la depresión utilizamos los fármacos antidepresivos.

Antidepresivos y otros fármacos.

Hay diferentes tipos de antidepresivos dependiendo de su mecanismo de acción; entre ellos podemos encontrar la fluoxetina, la paroxetina, la sertralina, fluvoxamina, imipramina, clomipramina, venlafaxina, desvenlafaxina, duloxetina, agomelatina. Cuando la depresión lleva consigo asociados síntomas de ansiedad o insomnio puede ser necesario utilizar durante un tiempo junto al antidepresivo otros fármacos como los ansiolíticos y los hipnóticos.

Los antidepresivos tardan en empezar a hacer efecto de 4 a 6 semanas, aunque algunos pacientes pueden empezar a experimentar cierta mejoría en la segunda o tercera semana de tratamiento. Para una adecuada respuesta, es importante tomarlos conforme el psiquiatra nos lo haya indicado, aproximadamente a la misma hora todos los días y no dejar de tomarlos sin haberlo consultado previamente con él. 

Una vez el paciente ha alcanzado la mejoría completa, el tratamiento debe mantenerse durante al menos 6 meses antes de empezar a retirarlo. De esto modo se reducen considerablemente las probabilidades de recaída en el futuro.

Los antidepresivos no producen adicción, no son adictivos. Si algún día olvidamos una toma o, si dejamos de tomar de golpe la medicación durante varios días, lo que notaremos serán los síntomas del síndrome de retirada y podremos sentir desde una sensación de mareo hasta síntomas de ansiedad.

Los efectos secundarios de los antidepresivos son de carácter leve y bien tolerados por el paciente si empezamos tomando una dosis baja y la vamos aumentando poco a poco. Uno de los efectos secundarios inmediatos más frecuente es el malestar gástrico (tener el estómago revuelto); como ya hemos dicho, este efecto suele ser leve y desaparece a lo largo de la primera semana del tratamiento. Otros efectos secundarios son el insomnio o la somnolencia y la pérdida o el aumento de apetito y peso. Si al empezar a tomar un antidepresivo tenemos efectos secundarios que no toleramos (somnolencia excesiva, insomnio, náuseas y vómitos continuados…) debemos dejar de tomar el tratamiento inmediatamente y consultar con nuestro especialista para valorar el tratamiento con un antidepresivo diferente al que no hemos tolerado.

Debemos tener en cuenta que hay casos en los que la medicación puede no ser necesaria y el paciente puede mejorar con ayuda de la psicoterapia, y otros en los que la psicoterapia puede servir de ayuda al tratamiento farmacológico.

Cuando dejamos de tomar de golpe un antidepresivo, bien porque ya nos encontramos bien o porque olvidamos tomarlo, podemos sufrir un empeoramiento de los síntomas y aparecer un cuadro de ansiedad con mareos, palpitaciones, taquicardia, sensación de ahogo… esto es lo que llamamos el síndrome de retirada.

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Fuentes:

– Insomnio y depresión: https://mundoAsperger.com/2017/10/insomnio-y-depresion-sostienen-una.html
– Neira Morales, “La depresión” en: http://neriamoralespsiquiatra.com/services/faq-depresion/
– Trastornos comórbidos con el síndrome de Asperger: https://mundoAsperger.com/2017/07/trastornos-comorbidos-con-el-sindrome.html
– Pensamientos suicidas: https://spectrumnews.org/news/self-harm-suicidal-thoughts-common-people-autism/
– Trastornos del estado de ánimo: https://mundoAsperger.com/2016/08/trastornos-del-estado-de-animo.html
– Ocasional preferencia por la soledad: https://mundoAsperger.com/2017/02/ocasional-preferencia-por-la-soledad-en.html
– El País, estar triste no es estar deprimido. Guillermo Lahera, psiquiatra, profesor de Psiquiatría y Psicología Médica en la Universidad de Alcalá e investigador adscrito al CIBERSAM: https://elpais.com/elpais/2018/01/08/ciencia/1515425427_462983.html


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