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Los docentes preparan a los menores para que en el futuro sean independientes. O así debería ser.

El sistema educativo debería enseñar al estudiante a ser resolutivo. A aprender a encontrar la información que necesita, a transmitir a otros de forma efectiva esa información, a aplicar los conocimientos adquiridos en la vida diaria… Y además, debería conseguirse que esas competencias fueran adquiridas de forma lúdica, amena y atractiva.

Para lograrlo el docente debe sentir un gran entusiasmo por la educación. Y en ocasiones ser capaz de una gran creatividad para resolver problemas. Además de una disposición calmada y respuestas emocionales equilibradas.



Formación de estudiantes típicos.

Normalmente son profesionales entrenados para educar principalmente a los niños y niñas con un desarrollo típico. Sin duda, la formación académica y la experiencia práctica de estos profesionales les ha equipado para identificar y tratar algunas de las dificultades del aprendizaje más comunes en el estudiante.  Por ejemplo, como la dislexia, la disgrafía, dificultades del lenguaje, los problemas motores y algunas de las alteraciones de conducta. Sin embargo, la mayoría de los profesores ubicados en los centros no especializados no están familiarizados con los perfiles inusuales de habilidades cognitivas o con problemas sociales del menor con el síndrome de Asperger.

Ir al colegio no debería percibirse por los estudiantes como una obligación. Sino que debería percibirse como una experiencia gratificante, como una oportunidad y como algo útil a la par que divertido. Para eso es imprescindible escuchar a los docentes, a los padres y también al estudiante.

Hay que valorar el trabajo de los docentes. De ellos depende, en gran parte, el futuro de las personas con síndrome de Asperger o cualquier otro trastorno del espectro autista.



Para responder a la exigencias del entorno los niños y niñas deben poner en marcha diferentes habilidades al mismo tiempo: de interacción, de comunicación, de pensamiento, de planificación, de organización y de regulación. Todas esas habilidades dotarán a la persona de autonomía pero en quienes tienen síndrome de Asperger o un trastorno del espectro autista es más difícil adquirirlas que para cualquier persona neurotípica (con un neurotipo corriente).

Trabajo colaborativo y dinamismo en las aulas.

La mayoría de los profesores que se han actualizado y reciclado intenta imponer una organización y estructuración de la clase flexibles, y en ocasiones cambiantes, con el propósito de estimular el trabajo colaborativo entre los estudiantes y fomentar y extender los vínculos sociales entre ellos. El estudiante con un desarrollo típico se adapta rápidamente a cualquier estructura impuesta y cambia de grupo, de mesa de trabajo y de clase con entusiasmo y sin problemas. Pero cuidado, en contraste, algunos estudiantes con el síndrome de Asperger no suelen estar tan dispuestos a la aceptación de los cambios nimios en sus rutinas cotidianas por lo que podrían mostrar una disposición desfavorable con respecto a la flexibilidad de la organización de la clase.

No pasaría nada si esa dificultad se atendiera. Pero la escuela no está preparada para atender dificultades concretas de individuos concretos y menos aún cuando esa dificultad viene provocada por un cambio de sistema que inicialmente está pensado para el bien del alumno.




Lo peor del debate educativo es, en realidad, que nadie se ha molestado en preguntar a los niños y niñas. Qué es lo que piensan ellos sobre el sistema, qué cambiarían, qué necesitan e incluso qué sobra.

Los niños como ciudadanos de derecho

Estamos generando dificultades de escritura, de atención y de autocontrol en los futuros adultos. Además coartamos su libertad de movimiento, de pensamiento y de elección. Esto sucede porque ni el Estado, ni los docentes, ni la sociedad, ni los padres y madres tienen en cuenta (casi nunca) la opinión de los estudiantes de primaria, sus necesidades. Ni no hablemos ya de los niños y niñas de educación infantil. Como son menores , por tanto, no son «ciudadanos de derecho». Resultaría muy interesante conocer cuál es la experiencia de aprendizaje de los alumnos. Y escucharles cuando aseguran que nuestro sistema educativo es enormemente aburrido (aparte de poco eficaz, discriminatorio y segregador).



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