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Síndrome de Asperger
por Digby Tantam, phD MPH  Profesor de Psicoterapia Hospital Walsgrave – USA
(*)Material extraído en la conferencia dada en el Study Week-end. «The Inge Wakehurst Trust» USA.-

 

 
   El
Síndrome de Asperger es bien conocido por ser una parte del espectro de
desórdenes autísticos cuyas características son: debilitamiento en el relacionamiento social y de las dos vías
de la interacción social , disminución de la comunicación verbal y no verbal, y
debilitamiento en la esfera imaginativa afectando el juego, los intereses y
podríamos agregar, el entendimiento con los otros.
   Lo
que distingue el síndrome de Asperger de otros desórdenes autísticos es una
gran habilidad con el lenguaje, y más raramente, la coexistencia del desorden
con incapacidad de aprendizaje y torpeza de movimientos.
 
   Las
personas con síndrome de Asperger y aquellos con Autismo comparten el mismo
rango de problemas: dificultad en la comunicación de sentimientos y reacciones
hacia otros aún más discapacitados , tanto como el fracaso en entender las
manifestaciones no verbales de los otros usados habitualmente para apreciar los
sentimientos de otras personas, su status social y aún su edad.
 
   Los
que padecen del síndrome en consecuencia, tienen los mismos problemas
cognitivos de base que los que padecen Autismo, aunque pueden ser menos severos
y por tanto más difíciles de observar en sus manifestaciones. La evidencia
sugiere que los Asper tienen problemas en la cooperación con otros en
propósitos que tengan que ver con el mantenimiento de la atención y en el
aprendizaje por demostración hacia lo que las otras personas prestan atención.
 
 
 

   A
causa de que los Asper son más comunicativos e inteligentes que los
restantes autistas, esta carencia de lo que denominaríamos «estructura
atencional», puede ser muy obvia a través de manifestar intereses no
comunes, modelos de pensamientos originales y creativos, y respuestas extrañas
que son muy características de muchos de ellos. Los intereses no comunes e
inusuales frecuentemente comprenden la actividad clasificatoria, que algunas
veces requiere con una maximización extraordinaria.

   Estas
actividades, por ejemplo, la lectura de mapas, la memorización de listas de
nombres, pueden estar indicando el deseo de tornar explicable el mundo, lo
cual, debido al déficit de la estructura atencional compartida, pueda
parecerles sin sentido e impredecible.
 
   Otra
fuente de impredictibilidad descansa probablemente en la dificultad que los
Aspergianos parecen tener en la comprensión de cómo los demás piensan o sienten
el déficit, como se expresa corrientemente en una «Teoría de la
Mente».
 
   Las
características particulares del Síndrome de Asperger conducen a lugares
diferentes que los del Autismo. La carencia notoria de una debilidad en el
lenguaje puede ser ocasionada en un diagnóstico tardío, porque los padres o los
profesionales pueden ser contrarios a reconocer un problema de desarrollo, a
menos que se encuentre asociado con dificultades notorias del lenguaje.
 
   El
Síndrome de Asperger puede no ser diagnosticado hasta pasados los trece años o
incluso en la adultez. Otro problema lo constituye el hecho de que se ignora el
número de Aspergianos. Para cada niño con educación especial con síndrome de
Asperger, habrá seguramente muchos otros en los sistemas educacionales normales
que no han sido diagnosticados .
 
   Estimaciones
más recientes sugieren que el síndrome de Asperger es por lo menos entre dos y
tres veces , pudiendo llegar hasta diez veces más común, que el autismo
infantil.
 
   El
hecho de que muchos Asper vayan a colegios normales tienen ventajas y
desventajas. De un lado, se les da a ellos las mismas oportunidades de
aprendizaje que a los otros niños. Por el otro, sus problemas sociales y
emocionales no son reconocidos con frecuencia.
 
   Más
importante aún, es que los mismos sean elegidos como el blanco de pullas y
bromas por los otros niños que encuentran sus «diferencias» ofensivas
o perturbadoras.
 
   Todo
ello puede conducir a problemas emocionales y de conducta, los cuales, como
quiera que se manifiesten, pueden ser mayores en los Aspergianos que en otros
adolescentes con trastornos del desarrollo.
 
   Paradójicamente,
el hecho de que personas con Asperger tengan mayores capacidades significa que
también están más advertidos y en consecuencia, más afectadas, por sus
diferencias con los demás y sus discapacidades, que otras personas con severos
handicaps autísticos.
 
   Esta
sensibilidad es con frecuencia mayor en la adolescencia, y constituye un
período de gran dificultad para el Asper y sus padres.
 
   Desórdenes
psiquiátricos, particularmente desórdenes temperamentales como la ansiedad o la
depresión, pueden ocurrir, por lo que, una proporción de Aspergianos exhiben un
comportamiento antisocial el cual comprende amenazas o violencia hacia los
demás.

 




   El
hecho de que la violencia se utiliza frecuentemente para vulnerar a otros sean
niños o padres, y que esta actitud pueda ser un reemplazo del «real
antagonista» por un objetivo «más débil» torna el manejo de los
mismos muy dificultoso. En algunos casos, cuando la violencia o la amenaza
hacia los otros es severa puede incluso requerirse internación vigilada.

 
   Los
Aspergianos, no están completamente discapacitados por su minusvalía. Ellos son
capaces de adquirir habilidades sociales, aunque de a poco, si se les brinda el
ambiente social apropiado. En la práctica , esto significa , que muchos
Aspergianos continuarán adquiriendo habilidades sociales incluso en la adultez.
 
   Esto
último, si lo asociamos con la gran tolerancia que tenemos hacia la
excentricidad de los ancianos en nuestra sociedad, esta significando que una
vez que las turbulencias de la adolescencia y la temprana adultez hayan
transcurrido muchos Aspergianos podrán ir hacia adelante, hacia una suerte de
puerto seguro, aún cuando el mismo, no sea el perseguido por nosotros o se
encuentre en otra ruta . . .
 
 
1.
Criterio del Diagnóstico :
Uno
de los problemas para diagnosticar el Autismo o el Asperger, en personas de
alto rendimiento o en adultos, tiene que ver con el hecho de que la temprana
distinción de esta condición, realizada por Kanner, sobre lo que se basa hoy en
día el criterio diagnóstico, se dirigía principalmente a los niños, los cuales
tenían usualmente dificultades de aprendizaje. El criterio básico requerido
para el diagnostico se mantenía básicamente idéntico , sin importar la edad o
el nivel de habilidades del individuo considerado. Las pautas básicas del
diagnóstico son:
 
  • Un
    desarrollo social anormal.
  • Un uso
    del lenguaje anormal.
  • La
    presencia de rutinas y rituales.
   Sin
embargo, el proceso del diagnóstico, puede tornarse más complicado cuando uno
esta forzado a desplazarse de la imagen más bien estereotipada de un niño
autista como aquél que se sienta autísticamente en un rincón , evitando el
contacto con los demás y jugando plácidamente con hileras e hileras de autitos
u otros objetos.
   Como
se puede avanzar usando el mismo criterio de diagnóstico con un joven que
concurre a la escuela secundaria, con excelente vocabulario y reales aptitudes
tal vez, para las matemáticas o el griego antiguo?
 
Esencialmente
es necesario mantener las tres principales modalidades del criterio de
diagnóstico ya examinado, pero también «traducirlo» a términos que
sean más apropiados para individuos de altos rendimientos. Las maneras por las
cuales esto puede ser realizado con consideración a los déficits sociales,
lingüísticos y comportamentales asociados con el autismo, serán materia de
discusión en detalle.
 
2. Problemas de diagnóstico en adultos:
   El
diagnóstico del autismo es generalmente realizado sobre la base de la
descripción de los niveles de funcionamiento corriente. Sin embargo, en muchos
casos el Síndrome de Asperger no ha sido claramente diagnosticado en la
infancia. Más frecuentemente uno observa a niños mayores o adultos, quienes a
través de sus años escolares han estado dentro y fuera de las clínicas
Pediátricas, o traídos y llevados por psicopedagogos, con una sintomatología de
comportamiento devenida en acertijo para todo el mundo, pero fundamentalmente
sin un claro diagnóstico.
 
   Muchos
diagnósticos de autismo generalmente se ha conseguido en años recientes,
mediante el contacto que con nosotros han realizado los padres o incluso los
propios autistas, cuando la edad de los mismos era de 20,30 o 40 años de edad.
 
   Una
educación temprana y oportunidad de tratamiento (o la ausencia de ambas) para
el entrenamiento y desarrollo de las habilidades individuales puede afectar
considerablemente el cuadro en la vida adulta; en tanto que establecer un
diagnóstico de los comportamientos usuales aisladamente puede presentar
dificultades. Más aún, para encontrar todos los criterios aceptables para el
diagnóstico ,es necesario contar con los síntomas que han sido evidenciados
desde el tercer año de vida en adelante y así tener la más detallada de las
historias clínicas.
 
   Aunque
los padres son generalmente los mejores informantes, habiendo conocido a los
individuos tratados más que nadie, otros familiares pueden dar información útil
para el diagnóstico. Los niños mayores, por ejemplo, pueden ser capaces de
brindar detalles de los juegos tempranos o de las amistades, y los abuelos,
también, pueden ser pueden ser de gran ayuda. Una madre, por ejemplo, recientemente
vista, se encontraba perpleja y no recordaba al serle preguntado si su hijo de
21 años había mostrado signos de ecolalia.
 
Aunque
ella mencionó esto a su propia madre, la abuela tenía una memoria específica de
su «hablar como un loro todo el tiempo».
 
3. La distinción entre Autismo y
Desórdenes Psiquiátricos en la adultez:
   Aunque
muchos padres de niños autistas jóvenes, se quejan de que han sido incapaces de
obtener el diagnóstico de sus niños, tanto debido a que las autoridades locales
«no creen en el autismo», o son «contrarios a las
etiquetas», la situación puede tornarse más displacentera para los padres
de individuos mayores si se ha realizado un diagnóstico incorrecto. Esto
puede tener implicaciones significativas para el tratamiento y localización y
en ciertos casos puede ser mucho más dañino que el no diagnóstico. Esto no es
infrecuente, por ejemplo, encontrar adultos con autismo, mal diagnosticado como
esquizofrenia, los cuales, no es de extrañar que no hayan respondido a la
medicación convencional, por lo que se les suministra gran cantidad de dosis de
drogas siempre crecientes, o simplemente se los abandona a la custodia de los
hospitales psiquiátricos.
   Una
de las principales razones de los errores de diagnóstico , que ocurren en el
caso de jóvenes adultos, es debida a los arbitrarios agrupamientos entre
adultos y niños en los servicios psiquiátricos de éste y seguramente de la
mayoría de otros países. Casi todas las clínicas de niños concluyen al contacto
con sus pacientes una vez que ellos llegan a la edad de 17 o 18 años. Si se
requiere alguna ayuda suplementaria, ( frecuentemente no es así) ella se
brindará mediante la remisión a un servicio psiquiátrico de adultos.
Desafortunadamente, muy pocos psiquiatras de adultos tienen conocimientos precisos
de desórdenes del desarrollo del Autismo.
 
   Más
que basar el diagnóstico principalmente en la historia pasada, como se ha
descrito más arriba, el diagnóstico tiende a estar basado en los
comportamientos observados corrientemente. Puede ser sorprendentemente fácil
interpretar o construir de manera equivocada los síntomas corrientes, si la
naturaleza de los déficits sociales fundamentales y de lenguaje que ocultan el
desorden no son tenidos en cuenta.
 
   El
diagnóstico correcto puede incluso ser complicado, por supuesto, debido a que
las personas con autismo no son inmunes a otras enfermedades psiquiátricas como
la paranoia , la esquizofrenia y particularmente la depresión , de manera que ,
en los hechos , el clínico puede tener un problema de diagnóstico dual en sus
manos.
 
   Las
principales áreas de confusión tienden a descansar entre el Autismo y la
Esquizofrenia , la esquizoidea e incluso en la personalidad psicopática .
   El diagnóstico correcto es claramente crucial para los niños
jóvenes y para los adultos un diagnóstico incorrecto puede ser desastroso y
generar años de medicación inadecuada, confinación en hospitales psiquiátricos,
en instituciones para retrasados mentales, o en prisión. Estos
problemas sólo serán resueltos con mejores capacitación de todos los que tienen
que tratar en los servicios psiquiátricos de adultos, los aspectos del
desarrollo, de desórdenes como el autismo y focalizar la atención en la pasada
historia del paciente tanto como en su estado actual .
 
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