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Seguir la iniciativa del niño:
Todo el mundo
aprende mejor cuando se interesa por la materia y cuando tiene la oportunidad
de participar directamente en nuevas experiencias; esto es especialmente cierto
en el caso de niños pequeños. Están continuamente experimentando para averiguar
el efecto de sus acciones en su entorno. Su motivación para aprender se deriva
de su éxito al tratar de influir en su entorno físico y social. Debemos
combinar los ejercicios de la intervención con los intereses más inmediatos y
las actividades del niño Es importante esperar a que el niño muestre de alguna
forma interés por el material antes de intentar enseñarle a hacer algo con
éste.
Permitir al niño
que elija entre diferentes posibilidades
En el curso normal
del desarrollo, los niños empiezan a escoge entre diferentes posibilidades poco
después de nacer y continúan indicando sus preferencias a lo largo de su vida.
El niño se hace más consciente de las elecciones que realiza y les atribuye
cada vez más importancia. poder indicar preferencia constituye un aspecto
importante del desarrollo (el sentido de control – dominio sobre el entorno).
También representa una base importante para la comunicación, que suele aflorar
como un deseo de conseguir o rechazar algo. A menudo los adultos caemos en la
trampa de hacer lo que creen mejor para el niño sin ofrecerle ninguna opción.
Esto puede dar lugar a un niño pasivo, que no sienta la necesidad ni el deseo
de comunicarse con otros. Los cuidadores deben realizar un esfuerzo consciente
para hacerle elegir entre diferentes posibilidades a lo largo del día y deben
respetar sus decisiones. Por ejemplo, ofrecerle su zumo con una mano y una
cucharada de comida con la otra, a la hora de comer. Darle lo que mira o
intenta tocar. Aún en el caso de que su acción sea accidental y no constituya
una «verdadera elección», el niño aprende que sus actos tienen una
repercusión; de esta forma se ponen los cimientos para que más tarde sepa
realizar elecciones deliberadas.
Es imprescindible
que aceptemos la elección del niño una vez ofrecida la posibilidad de escoger
entre dos o más opciones. Por lo tanto, se le deben presentar alternativas
aceptables y no tener una idea preconcebida sobre lo que debe ser la elección
‘correcta». Muchos problemas de comportamiento del niño pueden evitarse
ofreciéndole la posibilidad de hacer elecciones. Si el niño tiene la
oportunidad de elegir entre realizar una actividad u otra, es poco improbable
que rechace ambas, incluso cuando ninguna de ellas represente su pasatiempo
preferido.
Las consecuencias
son importantes:
Uno de los
preceptos fundamentales de la enseñanza es que las consecuencias son
importantes para mantener o cambiar el comportamiento de un individuo. Una
consecuencia es sencillamente un acto que sigue a otro como resultado o efecto
del primero. Las consecuencias pueden tener mucha importancia para fortalecer o
debilitar conductas específicas. Dicho de manera sencilla, esto significa que
cuando una acción deseable o interesante es el resultado de algo que el niño
hace, será más probable que continúe con esa conducta o la repita. Asimismo, si
un comportamiento va seguido por una experiencia desagradable o que parezca no
influir en absoluto en el entorno del niño, probablemente se repetirá con menos
frecuencia. Este es el principio subyacente al hecho de que algunos
comportamientos se pueden cambiar mejor ignorándolos, con una suave reprimenda
o llevando al niño a otro lugar durante un corto periodo de tiempo. Por
ejemplo, si se separa al niño de sus compañeros durante dos minutos cada vez
que intente morder a uno de ellos es probable que esa conducta disminuya o
desaparezca por completo.
Hacer que las
consecuencias sean eficaces:
Fomentar el
aprendizaje utilizando las consecuencias parece muy sencillo, y lo es. No
obstante, hay que tener en cuenta algunos aspectos cruciales para poder emplear
las consecuencias de modo eficaz:
Las consecuencias
que suceden de modo natural son las más eficaces para enseñarle a que puede
influir en su entorno. Esto es especialmente cierto en el caso de niños de
corta edad. Considerar la diferencia entre el niño que puede hacer que un móvil
se mueva tirando de un cordel y otro que recibe un caramelo por haber colocado
un bloque encima de otro. Ambos pueden repetir estas actividades y, por lo
tanto, «aprenderlas». Sin embargo, el primero ha aprendido cómo
influir en su entorno físico (esto es, mover el móvil), y no sólo repetirá esta
acción sino que experimentará con ella durante otras actividades a lo largo del
día. El segundo niño ha aprendido a completar una tarea para recibir un
caramelo de un adulto, pero puede demostrar poco interés en esa actividad o en
otra similar, a menos que esté presente un adulto para proporcionarle un
premio.




Las consecuencias
sociales tienen gran importancia.
Desde el
nacimiento, los niños necesitan atención y repiten aquellas actividades que les
aseguran la atención del adulto. El adulto que aprenda a prestar atención a las
acciones deseables del niño y a ignorar las no deseables se encontrará con
menos problemas de comportamiento.
por ejemplo: darle
un abrazo cuando da su primer paso solo constituye un buen suplemento a la
sensación interna del niño de haber hecho algo importante. Otras consecuencias
eficaces pueden ser dar palmas, acariciar al niño, o indicarle aprobación de
otras formas. Todas ellas deben emplearse con prudencia, sobre todo para que
sea posible apoyar al niño cuando tenga que aprender a realizar tareas
difíciles en las que las consecuencias más naturales puedan apreciarse poco o
conseguirse sólo con un esfuerzo grande. Las consecuencias sociales son un
resultado natural de la enseñanza de habilidades de comunicación. Sólo se
aprende a comunicar algo cuando existe un oyente sensible. Primero es necesario
atender a la mirada del niño (por ejemplo, devolverle la mirada, responder a un
objeto que reclama su atención); más tarde, se participará en
«juegos» de turnarse y finalmente, se conversará con él. Las mismas
consecuencias no serán eficaces para todos los niños, porque a cada niño le
gustan diferentes tipos de estímulos. Algunos niños responderán mejor y de modo
más positivo a las interacciones con juguetes, mientras que a otros les
gustaran más los intercambios sociales. El primer paso para identificar las
acciones que provocan mejor una respuesta del niño consiste en probar las
diferentes consecuencias. Es importante cambiar a menudo las consecuencias
positivas eficaces. Igual que los adultos, los niños se aburren, y las
experiencias o acontecimientos esperados con anticipación se vuelven menos
emocionantes
Para que una consecuencia
determinada sea eficaz para estimular o disminuir un comportamiento, tiene que
aparecer inmediatamente después de dicho acontecimiento. Esto ayuda al niño a
entender la relación entre lo que hace y lo que ocurre en su entorno. Además,
para que el niño entienda la relación entre lo que él hace y lo que pasa, la
consecuencia tiene que ocurrir siempre. La constancia resulta especialmente
importante cuando el niño está aprendiendo algo nuevo y cuando el adulto
proporciona consecuencias «indeseables» como respuesta a una conducta
infantil negativa. Cuando se intenta eliminar un comportamiento, es preciso
emplear la consecuencia cada vez que ocurre la conducta. Por ejemplo, el niño
puede confundirse si no se encuentra excluido de las actividades del grupo
todas las veces que intenta morder a otros.
Cuando los niños
comienzan a entender el lenguaje hablado, se puede aumentar la eficacia de las
consecuencias explicándolas con palabras. De esta manera, el niño recibe una
pista adicional sobre la forma en que él influye en su entorno (por ejemplo:
«Aprieta el botón… ¿ves cómo se enciende la tele?,» «Dame tus
manos y te levantaré,» «Termina de comer y podremos salir»).
Dividir una tarea
en varias partes cuando sea necesario:
Dentro de las
secuencias de los programas se han ordenado los ítems atendiendo a su
dificultad prevista para la mayoría de los niños. Los aprendizajes se programan
siguiendo un orden lógico de enseñanza. En el caso del niño es necesario
dividir la tarea en varias partes para facilitar su aprendizaje.
Proporcionar
continuidad y cambio:
Aunque parezca
contradictorio, los niños necesitan en su entorno tanto la continuidad como el
cambio. La continuidad les proporciona un sentido de seguridad. El educador y
las personas que le cuidan habitualmente deben asegurarse de que el niño tenga
orden y rutina en su vida; esto le ayudará a entender que, al menos en parte,
su entorno se puede predecir. El niño aprende lo que puede esperar de ciertas
personas y el orden de sucesión de las rutinas cotidianas tales como bañarse,
comer y vestirse. También aprende lo que puede esperar de ciertos juguetes y
puede disfrutar repitiendo una actividad muchas veces cuando el adulto ya la
encuentre aburrida o incluso molesta. Por supuesto, las rutinas varían a veces,
pero la continuidad ayuda al niño a sentirse seguro en su entorno y a confiar
en las personas que le cuidan. Dentro de ese mundo seguro, al niño le resulta
posible reconocer los cambios e interesarse por provocarlos.
Preparar el éxito
Para que el niño
siga queriendo relacionarse activamente con su entorno, es necesario que
experimente éxitos en cada una de las pequeñas tareas que se le enseñan. Por
ejemplo, si se le está enseñando a tender la mano para tocar un objeto, como
una pelota, hay que asegurarse de que pueda alcanzarla. Los niños pueden
desanimarse con una tarea demasiado difícil y aburrirse con otra demasiado
fácil. La actividad debe suponer un reto, no una imposibilidad.
Incorporar
experiencias educativas a las rutinas cotidianas:
Cada día, un niño
aprende cosas en todos los campos del desarrollo. Aunque sus avances pueden ser
mayores en unos aspectos que en otros, el niño puede aprender algo nuevo en
varios campos al realizar cada actividad. Por ejemplo, cuando da palmas acompañando
una canción infantil, aprende habilidades cognitivas, sociales, motrices
gruesas y motrices finas.
Conceder al niño
tiempo para descansar:
Igual que los
adultos, los niños necesitan un tiempo para sí mismos (esto es, para jugar
solos o con adultos sin que estos últimos les pidan nada). El adulto puede
enseñar mucho al niño, sencillamente manifestando sensibilidad y entusiasmo por
sus intereses. Se emplearán materiales orientativos, de manera constante y
regular, pero hay que recordar que las actividades que aparecen en este
programa constituyen sólo algunas de las rutinas importantes realizadas por el
niño a diario.

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