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Existen dos tipos básicos de autismo según su origen, el autismo idiopático y el autismo secundario. Se clasifican en tres niveles según la necesidad de apoyo externo que tenga cada persona.

En la mayor parte de casos de autismo no es posible detectar una etiología específica. Es decir, no se sabe el origen de ese autismo. Gracias a la investigación se ha logrado determinar el origen en algunos casos pero aún estamos muy lejos de identificar por completo por qué se producen los trastornos del espectro autista. 

Existen dos tipos básicos de autismo según su origen, el autismo idiopático y el autismo secundario. Se clasifican en tres niveles según la necesidad de apoyo externo que tenga cada persona. Nivel 1, con poca necesidad de apoyo, nivel 2 y nivel 3, que es el de las personas con mayor necesidad de apoyo externo. Normalmente se establecen en el  nivel 3 los casos de autismo no verbal y los casos que incluyen discapacidad intelectual.

Pruebas para diagnóstico.

Al tipo de autismo más común, cuyo origen se desconoce, se le denomina idiopático. Puesto que no existe ningún marcador biológico para los trastornos del espectro autista las pruebas complementarias que se solicitan, en el estudio de cada caso, vienen determinadas para comprobar o para descartar un autismo secundario o sindrómico ya que del autismo idiopático no se conoce el origen.



Síndromes dobles.

El autismo secundario también se conoce como autismo sindrómico o de ‘síndromes dobles’. Para que un paciente sea considerado como portador de un ‘síndrome doble’ se requiere que el segundo síndrome no esté descrito en pacientes con autismo y que la mayoría de las personas con dicho síndrome no tengan trastornos del espectro autista. Es decir, la persona con autismo suele tener otros trastornos asociados, como depresión u obsesiones, pero puede tener también trastornos de otro tipo que nada tienen que ver con el autismo. En ese caso, por darse dos trastornos diferentes a la vez, hablamos del síndrome doble.

Cuando una enfermedad o síndrome se presenta asociado al autismo no significa necesariamente que exista una relación etiológica entre ambos problemas. Por lo tanto, solo se puede considerar un caso como autismo secundario si se puede determinar un nexo causal entre ambos trastornos.

Además, la prevalencia estimada de autismo entre el colectivo de pacientes con el síndrome secundario excede ampliamente la prevalencia de autismo para la población general. Esto puede resultar difícil de determinar en síndromes muy poco frecuentes, por lo cual, en algunos casos, pueden persistir algunas dudas sobre la conexión entre los dos problemas.

Si bien es cierto que pocas veces se encuentra una causa específica para el autismo es necesario realizar los estudios pertinentes. Las razones que justifican esta afirmación, según un artículo publicado por «Biblioteca Brincar por El Autismo» son:

  •  El conocimiento de una causa específica, permite cuantificar con cierta precisión el riesgo genético (ejemplo: síndrome X frágil).
  •  La enfermedad de base puede contribuir a predecir el pronóstico evolutivo (ejemplo: síndrome de Rett).


  • También permite aproximaciones terapéuticas más precisas, al tener en cuenta el trastorno básico (ejemplo: fenilcetonuria).
  • Ayuda a avanzar en el conocimiento de las bases genéticas del autismo idiopático (ejemplo: deleción y duplicación 15q11-q13).
  • Es útil para relacionar el autismo con determinadas lesiones cerebrales (ejemplo: complejo esclerosis tuberosa).
  •  Permite intuir en qué fase del desarrollo fetal se generan las alteraciones biológicas del autismo (ejemplo: embriopatía por talidomida).
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