Tal vez es así como un Asperger ve el mundo…

El Tiovivo es una atracción que evoca recuerdos difusos en mi memoria. Subida en una plataforma estrecha, observo cómo todo gira a mi alrededor sin cesar. Desde mi posición privilegiada, observo los detalles mientras las luces y colores del tiovivo danzan ante mis ojos. Es un espectáculo constante, siempre cambiante. Las personas suben y bajan, algunas disfrutan del paseo mientras otras apenas resisten las vueltas. Me pregunto quiénes son, de dónde vienen y adónde van. Es un universo en movimiento, lleno de misterios y preguntas sin respuesta. Y mientras todo sigue girando, al final, la sensación de mareo se apodera de mí. Me planteo si alguna vez podré bajarme de esta plataforma, escapar de esta vorágine de movimiento perpetuo. Pero por ahora, estoy condenada a observar, a ser testigo de la vida que transcurre frente a mis ojos desde este peculiar pedestal.

El tiovivo se convierte así en una metáfora de la existencia misma: un ciclo interminable de subidas y bajadas, de luces deslumbrantes y sombras fugaces. Aunque la sensación de mareo persista, también existe una extraña belleza en este vaivén constante, en esta danza sin fin. Sumérgete en la experiencia de observar la vida en movimiento desde una plataforma giratoria en medio del bullicio del tiovivo, una metáfora del ciclo de la existencia.

El sonido de la música de fondo se mezcla con las risas y las conversaciones de los visitantes del parque, creando una atmósfera de alegría y emoción. A pesar del mareo, encuentro consuelo en la idea de que, al igual que el tiovivo, la vida está llena de altibajos y cambios constantes. Cada giro del carrusel me recuerda que el tiempo no se detiene y que debemos disfrutar cada momento, incluso cuando nos sintamos abrumados por la rapidez de los acontecimientos. Desde mi posición elevada, contemplo el mundo en movimiento, reflexionando sobre el significado de esta experiencia y las lecciones que puedo extraer de ella.

Originally posted 2011-01-23 06:45:00.

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