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Pequeños genios.

Rv. Asperger: sin habilidades sociales pero con una inteligencia normal o incluso privilegiada. Texto de María López y Liliana Munguia sobre menores con síndrome de Asperger o trastornos del espectro autista de nivel 1.

Conocidos como pequeños genios socialmente inadaptados que pueden conocer al pie de la letra la historia de los países más recónditos del planeta o atesorar un vocabulario impropio de un niño, pero que tienen dificultades para identificar una ironía o para relacionarse con los demás.

Socialización.

Una del las características de las personas con trastornos del espectro autista es que no llegan a entender las normas sociales, algo que el resto de las personas aprenden de forma implícita a lo largo de la vida.

Sus conexiones y habilidades sociales no son buenas porque tienen una comprensión muy ingenua de las situaciones sociales. La mala adaptación social es fruto de un mal entendimiento y de la confusión que les crea la exigencia de las relaciones interpersonales. Pero, a pesar de sus dificultades, son personas nobles, sinceros, y poseen un sinfín de valores que podemos descubrir con tan sólo mirar un poquito en su interior.

Asperger no conlleva ningún problema intelectual. Todo lo contrario, buena parte de los Asperger tienen un cociente por encima de la media pero sus habilidades sociales son nulas y sus temas preferidos llegan a ser obsesiones.

Comunicación.

Suelen ser personas con un vocabulario tan extenso que ante los ojos de algunos pueden parecer un tanto pedantes. Sin embargo, son incapaces de captar el doble sentido de una fraseo de una forma natural y necesitan adquirir esas habilidades de forma artificial.

Este trastorno del desarrollo (se engloba dentro del espectro autista), se caracteriza por una alteración en los modelos de comunicación y la presencia de rituales y temas de interés obsesivos que llevan a quienes lo tienen, en los asuntos que les fascinan, a ser los mejores siempre que les den apoyos para desarrollar esas capacidades.

Gabriel, que sufre Asperger, con su madre, Elena, y la tesorera de la asociación Asperga, María Lores, frente al Centro Cívico del Casco Vello donde el colectivo tiene un local. en Vigo. Imagen de Jose Lores para El Faro de Vigo.

El desconocimiento generalizado de este síndrome es otro factor que contribuye al escaso porcentaje de diagnosticados.

Muchos profesores no se vuelcan con ellos y eso es esencial, precisamente porque en el colegio es donde se aprecia ese aislamiento social que caracteriza a estos niños y donde más sufren. De hecho sufren acoso escolar y hostigación por parte de sus compañeros de una forma generalizada. (Un estudio realizado en la comunidad de Madrid concluye que el 42% de los alumnos que sufren acoso tienen este síndrome). María López en el Faro de Vigo.

Herencia y genética.

Normalmente existe un componente genético con uno de los padres. Con cierta frecuencia es el padre el que presenta un cuadro completo de síndrome de Asperger pero esto podría deberse al hecho de que las madres están infradiagnosticadas y suelen desarrollar mejor las habilidades sociales, quedando “ocultas” entre los demás.

En otras ocasiones hay una clara historia de autismo en parientes próximos pero en la mayoría de los casos no hay una causa única identificable.

Tratamiento e intervención.

No existe tampoco un tratamiento farmacológico para el síndrome de Asperger aunque sí hay tratamientos estimulativos planteados por neuropsicólogos o psicopedagogos que trabajan sobre la disfasia para mejorar la comprensión del lenguaje, trabajan con terapias conductuales para mejorar las habilidades sociales, etc.

Los aspectos obsesivos deben ser tratados por psicólogos en conjunto con la familia y en algunos casos se aconseja medicación como apoyo de la terapia, pero no porque el Asperger pueda medicarse, sino para mejorar los síntomas de otras patologías asociadas, como la ansiedad o depresión, la hiperactividad, etc. (principalmente para contener ciertos patrones de conducta, o para estimular algún área) ya que en muchas ocasiones estos niños padecen patologías asociadas (comorbilidad) como hiperactividad o trastorno obsesivo compulsivo que dificultan la detección del Asperger y derivan en diagnósticos incorrectos.

El Asperger no tiene cura, pues no es una enfermedad. Las personas que padecen este trastorno, simplemente, son diferentes.

La receta para su integración se basa en el apoyo psicológico y en una mayor concienciación social por parte de los neurotípicos.

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Información obtenida a través de El Faro de Vigo, de un artículo de María López (para leer el original pincha AQUÍ.) https://www.farodevigo.es/gran-vigo/2011/02/23/pequenos-genios-burbuja-17775476.html y a través de Buenospadres.com, artículo de Liliana Munguia sobre síndrome de Asperger (este enlace no está activo en este momento).

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