No toda burla es acoso. El acoso escolar tiene características muy concretas.

No toda burla es acoso. Tampoco lo es pelearse ocasionalmente con un compañero. Discusiones ocasionales, pequeñas peleas y la oportunidad de equivocarnos y pedir disculpas forman parte del aprendizaje natural. Esas situaciones, aunque sea preferible evitarlas, nos permiten aprender a tolerar la frustración, acostumbrarnos a compartir reconocer afectos y preferencias… y eso no es acoso o bullying. “Bullying” es una palabra anglosajona que se ha puesto de moda para referirse al acoso escolar y/o intimidación de un abusador sobre una víctima dentro del ámbito escolar.

Hablamos de acoso cuando la intención de quien agrede es humillar, avergonzar, exponer, aislar, excluir, asustar, hacerle creer al otro que no vale y la conducta es repetitiva y se prolonga en el tiempo. Por lo general las víctimas no hablan del acoso que sufren pero muestran (con su expresión de las emociones, con su cuerpo, con sus hábitos, con sus relaciones con los demás) que están atravesando una situación de este tipo.

El acoso escolar pretende aislar al niño o joven del resto del grupo, ignorándole y excluyéndole del resto. El bullying, es una forma de violencia que puede tener consecuencias devastadoras para los niños y jóvenes que lo sufren. Este comportamiento busca aislar al niño o joven del resto del grupo, ignorándolo y excluyéndolo deliberadamente. Los acosadores pueden utilizar diversas tácticas, como burlas, insultos, agresiones físicas o exclusión social, con el objetivo de ejercer poder y control sobre la víctima.

Es importante destacar que no solo afecta al bienestar emocional y psicológico de la víctima, sino que también puede tener un impacto negativo en su rendimiento académico y su desarrollo personal. Los niños y jóvenes que son víctimas de acoso escolar pueden experimentar ansiedad, depresión, baja autoestima y dificultades para relacionarse con los demás. Asimismo, el acoso escolar puede tener consecuencias a largo plazo, afectando la salud mental y emocional de la víctima incluso en la edad adulta.

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