Las personas con la etiqueta de TEA tienen manifestaciones heterogéneas.

Las personas englobadas dentro de la etiqueta de TEA (trastornos del espectro autista) tienen manifestaciones clínicas heterogéneas.

Alcanzar un acuerdo sobre un único sistema clasificatorio de trastornos y enfermedades parece ser uno de los problemas más visibles con los que nos encontramos en la actualidad.

Las personas englobadas dentro de la etiqueta de TEA (trastornos del espectro autista) tienen manifestaciones clínicas heterogéneas y ocurre igual con otros trastornos y algunas enfermedades.

DSM, CIF y CIE no aclaran las manifestaciones heterogéneas del TEA.

Encontramos por un lado, establecido por la Asociación Psiquiátrica Norteamericana, el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM).

Por otro lado, muy usado en España, el sistema clasificatorio desarrollado por la Organización Mundial de la Salud, la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE).

También de la OMS existe la Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud, que se usa menos pero es mucho más concreta.

Al realizarse el DSM, en cuyo estudio de campo se incluyeron casos de España y de muchos otros países, se buscó la convergencia de criterios con la CIE.

Esto permitiría la comparación de los futuros estudios de investigación y minimizaría el riesgo de que las personas recibieran diagnósticos diferentes para una misma patología.

En lo referente a los trastornos del espectro autista en concreto los estudios epidemiológicos se enfrentan al carácter poco preciso o ambiguo de los criterios que definen el diagnóstico.

A diferencia de los síndromes con un claro marcador biológico, en los trastornos autistas es difícil, cuando no imposible, regirse por una ley del todo o nada.

Trastornos del espectro autista

Las personas englobadas dentro de la etiqueta de TEA (Trastornos del espectro autista) tienen manifestaciones clínicas heterogéneas.

Eso significa que una persona que reúne los criterios diagnósticos de autismo puede tener un gran número de conductas dentro del capítulo social que reflejan una mayor dificultad en las capacidades interactivas sociales.

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Mientras que otra persona puede mostrar un patrón de disfunción social moderada y mayor afectación en conductas repetitivas, cumpliendo en ambos casos con los criterios de TEA.

Entre sus necesidades se encuentran los servicios de orientación y asesoramiento (personal y familiar) a los que puedan acudir cuando sea necesario.

Para recibir, por ejemplo, terapias centradas en la mejora de su autoestima o para favorecer un autoconcepto positivo y realista.

Es útil, pues, la enseñanza explícita sobre las relaciones sociales en general; la mediación social y laboral que les ayude a generar estrategias para desenvolverse con éxito en resolución de conflictos sociales y laborales.

Para encontrar todos los criterios aceptables para el diagnóstico es necesario contar con los síntomas que han sido evidenciados desde el tercer año de vida en adelante.

Sin embargo no es fácil hacerlo, ya que los trastornos de tipo autístico tienen manifestaciones heterogéneas, es decir, rasgos diferentes en cada persona.

La evaluación ha de ser lo más completa posible y ha de evitar, al mismo tiempo, pruebas innecesarias que dupliquen resultados sobre los que ya se tiene certeza.

A veces es muy difícil diagnosticar uno de estos trastornos y distinguirlos de otros que cursan con rasgos similares.

Hacer diagnóstico es muy complejo, y exige de una formación específica, por eso es importante que el diagnóstico lo haga siempre un profesional altamente cualificado y con extensa experiencia en diagnosis.

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