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En el caso de los trastornos del espectro autista o TEA hablamos de “trastornos” en tanto refieren un síndrome que se manifiesta patológicamente. Es un tanto absurdo negar que se trata de una patología, y argumentar que se intenta patologizar una condición, cuando está más que demostrado que el autismo, en cualquier grado, afecta al menos a tres áreas fundamentales del desarrollo, produciendo déficits, dificultades e incluso incapacidad en aspectos de socialización, flexibilidad y comunicación pragmática.

El espectro autista no es una enfermedad.

Los trastornos del espectro autista no son enfermedades puesto que no cumplen los requisitos establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para ser considerados como tales. Esto es porque no existe un origen conocido concreto de los TEA, aunque se sabe que hay cierto componente genético y que se trata de un trastorno psicobiológico; no existe tratamiento farmacológico; no hay dos casos iguales; el pronóstico es variable; no se contagia y el diagnóstico es válido como instrumento pero no como solución.


El síndrome de Asperger y el resto de trastornos del espectro autista son una patología del neurodesarrollo aunque no enfermedades.

Estamos, pues, ante un problema de desarrollo que se sale del concepto de normalidad pero que no implica enfermedad. Las personas con trastornos del espectro del autismo pueden tener una salud inmejorable pero seguirán presentando conductas específicas e identificables con el trastorno en sí.

Diagnóstico diferencial del TEA1 o síndrome de Asperger.

El diagnóstico del espectro autista es diferencial y a menudo de usan criterios de exclusión. Esto supone que, por ejemplo, el síndrome de Asperger es aquello que no encaja con cualquier otro trastorno.

Es decir, que Asperger es lo que no es hiperactividad, déficit de atención, trastorno semántico-pragmático, etc. Que sea así ha convertido el síndrome de Asperger en una especie de saco roto en el que caen todos aquellos de los que no se sabe bien qué tienen, del mismo modo que sucede con el trastorno general del desarrollo no especificado o, de acuerdo con la última revisión del DSM, con el trastorno de la comunicación social (Social Communication Disorder) (SCD).

Así que, igual que es frecuente que una persona con Asperger haya recibido antes un diagnóstico erróneo, es bastante habitual que se diagnostique a alguien con Asperger cuando al final tiene otro problema diferente.


Fuentes y otros textos para consulta:

  • ¿Por qué los trastornos del espectro autista no son enfermedades?: https://www.mundoAsperger.com/2019/04/por-que-los-trastornos-del-espectro.html
  • De la Iglesia Gutiérrez, Myriam y José-Sixto Olivar Parra, Autismo y Síndrome de Asperger. Trastornos del espectro autista de alto funcionamiento. Editorial CEPE. Madrid, 2007.
  • Tuchman RF. Deconstruyendo los trastornos del espectro autista: perspectiva clínica. Rev Neurol  2013; 56 (Supl 1): S3-12.
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